FORMULARIO DE POSTULACIÓN
MAESTRÍAS Y DOCTORADO 2020

COLUMNA DE OPINIÓN

Por: Alfredo Seoane Flores (Director CIDES UMSA)

 

La presente situación de resistencia frente a la amenaza a la vida que representa la pandemia mundial del COVID 19 y la certeza de que se viene una futura crisis generalizada (económica y social), no pudo ser imaginada por los hacedores de políticas públicas. Salvo ciertos personajes visionarios que prevenían a viva voz del peligro del muy probable surgimiento de una pandemia, esto no supuso en la mayor parte de los países medidas preventivas, sorprendiendo a una sociedad contemporánea que se sentía invulnerable y cómoda porque una revolución tecnológica en curso resolvería cualquier amenaza.

 

En nuestro país no solo predominaba esa idea de invulnerabilidad, sino que se mezquinaron recursos para que la salud pública tenga un nivel mínimamente eficiente y sea realmente un bien público accesible. Hoy nos afecta directamente la precariedad institucional extrema en la que vivimos y particularmente en el sector salud -que nos es tan necesario ahora-, por la insuficiente asignación presupuestaria y la falta de visión de bien público en su manejo. Esto sucedió en el marco de la mayor bonanza de nuestra historia, pero con un gasto dispendioso en una modernización de maquillaje, con una millonaria promoción política del caudillo durante 14 años y los llamados elefantes blancos, además de la generalizada corrupción.

 

La gruesa cantidad de recursos que tuvo en su poder para la inversión pública el anterior gobierno, no se invirtió con eficiencia y eficacia, bajo todo punto de vista. Hoy es difícil suponer realistamente una economía capaz de resistir un derrumbe como el que se viene.

 

Esto nos deja como una sociedad impotente frente a la desgracia, muy desigual y carenciada. El futuro se presenta con enorme incertidumbre porque además de la precariedad mencionada, tenemos que sobreponer la trunca solución democrática del ejercicio de la titularidad del poder.

 

El impacto de lo que viene pasando es grande y amenaza a nuestra forma de vivir y de enfocar nuestra convivencia. Nada podrá ser igual en el futuro y sobre todo la forma de encarar el desarrollo y el bienestar social. El mundo y nuestra sociedad tienen que cambiar necesariamente o pueden perecer. En ese sentido habría que entender a la crisis como una oportunidad.

 

Surge por ello la necesidad de reflexionar y presentar posiciones y alternativas a nuestra sociedad. En el CIDES UMSA, hemos trabajado en investigación y formación en ciencias sociales, bajo un enfoque multidisciplinario, una agenda de desarrollo y formación mediante líneas de investigación con visión crítica del patrón socio económico vigente. El conocimiento sobre la problemática del desarrollo y las predicciones estaban lejos de anticipar esta grave crisis, sin embargo, muchas de las reflexiones incidían en temas que hoy cobran mayor relevancia y urgencia, dado el colapso de las certezas que la crisis mundial implica particularmente para Bolivia. Hay pues la necesidad de repensar muchas cosas en el país y en especial el modelo de economía, el modelo de estado y el modelo de sociedad.

 

Así consideramos de especial relevancia varias líneas de investigación y formación que hemos venido trabajando, por ejemplo, la visión ácidamente crítica del modelo de crecimiento extractivista y rentista desde diversas perspectivas -como lo muestran las publicaciones del CIDES-, con la presentación de alternativas de política pública. Otro ejemplo, es nuestro acercamiento precursor y sostenido a la economía de cuidado y la valoración de ese importante trabajo que es infravalorado y considerado como indigno, por lo que no recibe la remuneración justa. Hoy cobra relevancia, trascendencia e importancia nuestra propuesta lanzada en 2010 de que el estado debía ampliar las facilidades para apuntalar y apoyar las labores del cuidado centradas casi en su totalidad sobre la mujer.

 

También para la señalada necesidad de impulsar la salida del extractivismo propusimos recuperar la agenda de la transformación productiva, el fortalecimiento de la sociedad del aprendizaje y que el mundo del trabajo se dignifique mediante la productividad en alza y el aprovechamiento del “bono demográfico”. A esto propusimos se logre un nuevo perfil de especialización con el desarrollo de nuevas ventajas comparativas y el aumento de la productividad, basadas en el aprovechamiento sostenible de la biodiversidad y la naturaleza.

 

En nuestra actividad de formación e investigación multidisciplinaria las orientaciones sobre las dinámicas locales y las transformaciones territoriales y del medio ambiente han sido fundacionales en el país, impulsando un nuevo enfoque preocupado por las interfaces entre lo urbano y lo rural y la necesaria preocupación sobre el medio ambiente y la seguridad alimentaria entendida como elemento clave de la sobrevivencia.

 

También en el área rural, hemos incidido desde hace tiempo en que se debe buscar abandonar los cultivos extensivos y enfocados al mercado de exportación de comódities debido a que provoca depredación de los ambientes naturales y los micronutrientes de la tierra, siendo necesario un modelo de desarrollo rural que permita aprovechar el ambiente natural y orgánico, tan rico en nuestro medio, así como recuperar los conocimientos locales sobre el manejo de los ecosistemas.

 

En el área política, valoramos la democracia y la inclusión, siempre presente en nuestras reflexiones. Recuperamos el pensamiento de las grandes figuras de la política, estudiamos los sistemas electorales, buscando proponer mecanismo para su perfeccionamiento y también la dinámica política de los diferentes actores de la sociedad. Los estudios críticos del desarrollo y la teoría crítica, son fortalezas que hemos logrado en cuanto a la formación y la investigación.

 

Sin pretender abundar más en las actividades que han caracterizado a CIDES-UMSA y solo transmitir el mensaje de que lo que hemos hecho tiene contenidos interesantes, necesarios, pero no suficientes para atender la agenda de investigación y formación que se avizora, interesa mostrar a la colectividad que en esa agenda de trabajo hay los gérmenes para un nuevo posicionamiento en la dinámica del conocimiento ligado a la transformación de la sociedad. Ampliando esa agenda y convirtiéndola sobre todo en propuestas y replanteamiento del proyecto socio-estatal de Bolivia, es que pensamos deberíamos encarar para poder sobrevivir e impulsar nuestro destino como pueblo en un mundo muy cambiado.

 

En efecto, hoy es necesario, para la sociedad y la economía de Bolivia un nuevo enfoque. La salida de la crisis solo será posible a través de verdaderas transformaciones, adoptando una visión incluyente, asentada en el respecto a la naturaleza, la consideración de los derechos de género y los derechos humanos en general, los equilibrios urbano-rurales y los equilibrios en nuestras relaciones externas que promuevan un proyecto de país y de sociedad equitativo y sostenible.

 

Nuestro compromiso debe consistir en llevar adelante una agenda de investigaciones y de formación más incisivo en las líneas de la economía sostenible y equitativa, así como el desarrollo social que nos lleve a una sociedad del aprendizaje y el conocimiento, que de oportunidades de empleo digno a sus habitantes y que logre una nueva especialización para el intercambio internacional con características adecuadas a la preservación de la biodiversidad y las bondades de la naturaleza. Esa es la agenda que nos preocupa con las líneas delineadas en el pasado reciente, pero con propuestas más acotadas y concretadas en recomendaciones de políticas públicas actuales.

 

Pensamos que una reflexión sistemática sobre nuestra realidad emergente, que derive en recomendaciones de política pública bajo la visión mencionada antes, es de importancia vital. En esa labor el CIDES ha de priorizar su accionar mediante la investigación y la formación abocada a la investigación estratégica. Nos interesa dar lineamientos para enriquecer el debate de la nueva sociedad que queremos y debemos construir. Por eso a la formación le daremos una orientación sesgada hacia el conocimiento de la realidad y la derivada elaboración de propuestas a ser implementadas para llevar adelante el bien común, a esto le llamamos una formación para la investigación estratégica. Para este propósito debemos utilizar de manera más profunda y proactiva las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

 

Dotar a nuestra sociedad de una visión adecuada para transformar la realidad y atender los desafíos del presente, ha de ser la misión que nos damos en la universidad pública, a partir de su unidad de postgrado multidisciplinaria en ciencias sociales, como es el CIDES-UMSA. Desde hace años que venimos trabajando por una agenda de desarrollo inclusivo y respetuosa de la diversidad y la pluralidad, y es ahora cuando el desafío se hace más grande y nuestra voluntad no debe quedar en pocas pretensiones y menos dejar de lado ese desafío.

 

 

Alfredo Seoane es economista, doctor en Ciencias del desarrollo. Actualmente es director y docente investigador del CIDES-UMSA.


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COLUMNA DE OPINIÓN

Resumen


La pandemia del coronavirus no sería la mayor desgracia vivida, por lo que se la contextualiza en medio de otras críticas de la modernidad y del capitalismo, mostrando que acumulativamente, junto a la depresión económica, ya presente y con agravantes inmediatos, la degradación ecológica-ambiental y el calentamiento global, de manera integrada y sistémica, representan un panorama de catástrofe civilizacional, como un nuevo tiempo, propicio para deconstruir la economía y el desarrollo, recurriendo a la termo/bio-economía trans-disciplinaria de Georgescu-Roegen, de interface entre la ley física de entropía y economía, y la visión de E. Leff sobre una nueva racionalidad ambiental, a la vez de husmear sobre las características y posibilidades de estacionaridad y decrecimiento sostenibles. Todo eso puede representar una posibilidad en prospectiva, alentando a que ello sea debatido sistemáticamente por lo menos como hipótesis de escenarios
de simulación económica, tarea ineludible de la academia.

 

Dr. José Nuñez del Prado es investigador y docente de planta del Postgrado en Ciencias del Desarrollo de la Universidad Mayor de San Andrés (CIDES/UMSA). Es doctor (Ph.D.) en Ciencias del Desarrollo por CIDES/UMSA-UNAM, con Maestría en Sociología de la FLACSO/México y Licenciatura en Economía de la U.C.B. Tiene varias publicaciones.

 

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COLUMNA DE OPINIÓN

1. Todos los sistemas de conversión de votos en curules son desproporcionados. Dentro de los sistemas llamados proporcionales, en Bolivia tenemos uno de los que son menos proporcionales (D´Hont). La razón principal, técnica de esto, es porque se busca “premiar” a los partidos con mayor votación y desalentar los pequeños o nuevos.

 

Este sistema opera para las circunscripciones plurinominales de diputados (son 60 en todo el país) y desde la CPE del 2009 también para senadores (son 36, cuatro por departamento).

 

Como tenemos 9 circunscripciones departamentales, es allí donde se originan las principales desigualdades a la hora de elegir representantes, 96 de un total de 166 (130+36).

 

2. Desde la Revolución Nacional ya es visible la desproporción en la representación (plurinominal) por departamentos a favor de los menos poblados y en desmedro de los más habitados. En este sentido, lo de “un ciudadano un voto” es más un ideal que una realidad, como dijimos, en cualquier sistema de representación (no en los referenda).

 

En un trabajo, marcadamemente técnico, calculamos el grado de desproporcionalidad con el Estatuto Electoral de 1956 y el Censo de 1950 y obtuvimos la cifra de 37,4 como sumatoria de diferencias absolutas en los porcentajes de población por departamento y representantes asignados. La cifra para las elecciones de 1979 (extrapolable a la de 1980) en comparación al Censo de 1976 es de 29,9. Para las primeras elecciones de 1997 (ya con la mitad de uninominales por departamento) en relación al Censo de 1992 la cifra es de 27,1. Allí mismo propusimos ajustar las asignaciones por departamento (que no se aplicó oficialmente) y aun así la cifra propuesta arroja el 16,3.

 

 El problema más significativo radica en que se prescribe asignación mínima de departamentos (presente ya en la reforma de la CPE 1994), y en la actual CPE se añaden criterios de equidad social y consideraciones de desarrollo social cuando debieran primar criterios demográficos y acaso geográficos exclusivamente. Consideración aparte es para pueblos indígenas minoritarios.

 

Para completar el panorama, reportemos que la cifra de desproporción entre los habitantes por departamento del Censo de 2012 y los diputados asignados por departamento en 2014 es de 23,54. En otro ejercicio de ajuste sin apartarnos del todo de las indicaciones constitucionales fue de apenas 20, 47. Se confirma las desproporciones aun en ejercicios de corrección.

 

3. Con la introducción de los escaños uninominales (recién efectiva en 1997) eso, el desajuste,  se ha incrementado y solo ligeramente con las C. especiales indígenas (siete en total). En las circunscripciones uninominales (63 en los nueve departamentos) ha habido mayor opacidad en el último periodo. Hay indicaciones generales en la CPE (Art. 146.VI) y le otorga al OEP (cuya cabeza es el TSE) la facultad de delimitarlas.

 

Recientemente se ha generado una serie de artículos y mensajes de opinión sosteniendo que hay una enorme desporporción entre el voto campesino y de la ciudad. En mi propio lectura he señalado la modificación en la fórmula para escaños en el Senado (véase abajo) que me inclinaban a pensar que era, efectivamente, así y con información más limitada de laque hoy dispongo me adherí dada la poca información, que no propaganda que rodeó la elección del 2019.  Aunque con ciertas reservas, porque siempre es importante atenerse a la evidencia, no de casos elegidos arbitrariamente sino del diseño del sistema general.

 

Vale la pena destacar que la diferencia por este tipo de manejo que genera suceptibilidad porque los mapas se conocieron ya en vísperas de las elecciones de octubre pasado, sin margen para reclamo alguno, no son más que pocos escaños. Y hemos de decir que por “urbano” estamos considerando básicamente las 9 capitales departamentales y El Alto, mientras que por convención estadística en el INE se considera “urbanas” aglomeraciones poblacionales mayores a 2 mil habitantes. Son evidentemente, definiciones distintas, que amplían el rango de lo “urbano”.

 

Ahora bien, cuando se comparan las diputaciones abrumadoramente urbanas del 2005 y del 2014 (ambas en total 70 uninominales, que no es el caso en 2009), los cambios más fuertes ocurrieron en cuatro departamentos: La Paz, Tarija, Beni y Oruro, siendo el primero el más afectado pues perdió dos C. urbanas aunque recibió una indígena. En los otros tres casos, fueron C. mayormente rurales que a cambio recibieron C. indígenas, una en cada departamento. De nuevo, el arreglo que dio lugar al diseño, digamos estable de la 7 C. indígenas, vigente también en 2019 se dio afectando más el trato entre las asignaciones por departamento. Igual las proporciones no son de que el voto rural vale varias veces el urbano.

 

4. El cambio en la forma de representación en el Senado, sí fue por preocupaciones partidistas, para anular el veto (más de un tercio) de la denominada “media luna”. Dada la experiencia negativa para el MAS de tener algo más de un tercio de senadores de oposición en su primer periodo (2006-09), se introdujo la elección de senadores por proporcionalidad (CPE, Art. 148), aumentado de tres a cuatro los representantes por departamento. A partir de la idea de “bicameralismo incongruente” y analizando los datos de la conformación del Legislativo en 2014, se puede apreciar cómo ese cambio permitió al masismo mantener los dos tercios (mayoría calificada) que no habría sido posible con el anterior sistema, vigente desde 1967, y que por diseño otorgaba un curul senatorial a la primera minoría, es decir garantizaba representación de la oposición en el Senado, mientras que el actual sistema no.

 

Breves conclusiones. El gran problema está en los criterios (CPE) de asignación de curules por departamento. Desde hace años insistimos con que debe haber circunscripción nacional para esta asignación (a mayor tamaño la proporcionalidad mejora, no desaparece cierta disparidad).

 

El otro problema visible es el asunto de los uninominales. A pesar de la intimidante redacción técnica en la normativa del OEP para la delimitación de estos límites, la desproporción es evidente porque son las dimensiones territoriales y sobre todo demográficas de cada departamento las consideradas (Reglamento correspondiente de mayo del 2014, en función de la Ley 421), que se suma al diseño equívoco (casi de ente federativo) de las asignaciones por departamento.

 

Respecto a las CEI vigentes en las elecciones de 2009 y en las del 2014 el MAS ganó seis de las siete y en ambos comicios la oposición de entonces ganó un único escaño. Sirve para tener presente que no es automático que sean curules masistas, y efectivamente corresponden a pueblos indígenas que de otra manera no tendrían jamás  (o muy remotamente) representación en la Asamblea. Por ello, no parece aconsejable insistir en lo inmediato en la discusión rural-urbana porque terminará afectando a la representación indígena minoritaria, además de incidir en una larga brecha de nuestra configuración étnica-cultural (el clivaje étnico).

 

 

Gonzalo Rojas Ortuste es Cientista Político, Doctor en Ciencias del Desarrollo por el CIDES-UMSA y actualmente es Profesor Investigador del CIDES UMSA. Tiene varias publicaciones como Cultura política de las élites en Bolivia. 1982-2005 (2009); Vicente Pazos Kanki y la idea de República. Temprano mestizaje e interculturalidad democrática germinal (2012.). Bolivia como Estado soberano y democrático. Pensamiento y acción de Bautista Saavedra ( 2015). Además coordinó y escribió la introducción de Lo público en la pluralidad. (2015). También escribió “Epílogo: El Estado plurinacional frente al siglo XXI. Balance, desafíos y proyecciones” Nelson Gonzalez Ortega (Coord. y Ed.). Bolivia en el siglo XXI. (2017)


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NOTICIAS

 COMUNICADO 

 

NOTICIAS

 COMUNICADO 

EVENTOS

  CONFERENCIA  

Fecha: 08 de mayo de 2020
Hrs: 14:00 - 15:15 (hora La Paz-Bolivia)
Lugar:

COLUMNA DE OPINIÓN

Cecilia Salazar de la Torre

 

La creación de la universidad moderna se dio en el contexto de estructuras políticas construidas para garantizar las conquistas democráticas y la libertad individual en el mundo moderno. En ese intersticio, los sujetos toman posición y deliberan en igualdad de condiciones sobre cuestiones que son de interés público, a través de mediaciones institucionalizadas. La universidad forma parte de ese espectro, especializándose en la formación de expertos para el gobierno de un país y la producción de explicaciones y expectativas sobre las diversas dimensiones de su vida social, económica, política y cultural. De un modo muy concreto, Gustavo Rodríguez planteó que esa relación se reduce al esquema “a tal Estado, tal universidad”. Veamos lo que eso ha significado en Bolivia, señalando un elemento conceptual de fondo: las discontinuidades y contradicciones entre estructura económico-productiva y superestructura político-cultural que caracteriza a los países atrasados como el nuestro.

 

Un primer contrasentido está en la creación de la universidad boliviana en el seno del contexto oligárquico, desde 1832, al influjo de los valores de la revolución francesa. Esto supuso el despliegue de una estructura profesionalizante de carácter liberal, pero para sostener los privilegios de la clase terrateniente y feudal, especialmente desde el campo del Derecho, desde donde se daban las disputas legales en torno a la propiedad de la tierra. Además de lo que eso significó en términos políticos, el corolario fue una condición reflexiva que, como remarcara Kant, está basada en preceptos normativos, que hacen de la repetición y la memorización el fundamento de toda argumentación y que priva de conciencia crítica y autónoma a los sujetos.

 

El carácter oligárquico de la universidad pública comenzó su declive cuando, alentados por el movimiento de Córdoba, los jóvenes, especialmente de La Paz y Cochabamba, se sumaron a movimientos socialistas y nacionalistas. El momento culmine de este proceso fue la revolución de 1952 y una nueva fase universitaria, sustentada en la ampliación de la ciudadanía, eso quiere decir, de la libertad individual y de los derechos políticos. En breve, este proceso se reflejó en el ingreso libre e irrestricto a la universidad pública y en la pluralización argumentativa que se generó en su interior, incluyendo la que trajeron migrantes campesino-indígenas cuando se incorporaron a sus aulas.

 

Desde 1952, la estructura económico-productiva es de carácter desarrollista pero, en el caso boliviano, sustentada en otra discontinuidad: la revolución de 1952 fue asociada a la idea de transformar al país, de uno feudal a otro capitalista, sin un proceso de acumulación burguesa desde el cual se organice el mercado interno y, con ello, la cultura nacional. Esta carencia intentó ser suplida por el Estado y a través de los recursos de la riqueza natural. La deriva, como se sabe, fue (es) la intensa politización de la sociedad boliviana que, organizada en gremios, partidos políticos y corporaciones, disputa el poder estatal para beneficiarse de esos recursos y desde ahí forzar la construcción de la nación, es decir, de nociones básicas en torno al bien común, cosa muy difícil dado el carácter atomizado de la representación. En la universidad pública, su expresión está en disputas entre sus estamentos y la creciente pérdida de centralidad de su función principal que es la docencia y la investigación.

 

Ante las expectativas que el Estado de 1952 trajo consigo, se han dado dos orientaciones: la primera, vinculada con jóvenes que buscan profesiones técnicas, alentados por una economía basada en recursos naturales. Durante el auge de la minería, las universidades públicas, especialmente de la zona occidental del país, formaron a varias generaciones de ingenieros calificados y comprometidos, con diversas especialidades relacionadas con la minería. Ante los vaivenes cíclicos del mercado de los recursos mineros, estas profesiones se vinieron abajo. Mediado por el mismo Estado extractivista, en las últimas décadas el auge los hidrocarburos llevó al crecimiento exponencial de estudiantes de la Carrera de Ingeniería Petrolera en la UMSA y que hoy se dedican a hacer conexiones de gas domiciliario.

 

Siendo que la explotación de recursos naturales exige una mano de obra altamente calificada, la otra orientación, más masiva, se relacionó (se relaciona) con profesionales liberales, que buscan tener un empleo en el sector público, como tabla de salvación, dispuestos a someterse a estructuras burocráticas muchas de las cuales los priva de toda iniciativa individual. Como es obvio, esta tendencia tiende a ensancharse en la medida en que, al mismo tiempo, se angostan las posibilidades productivas del país. Una parte muy importante de los profesionales liberales encuentra sus nichos en las estructuras del Derecho, alimentado las formas de relacionamiento en base al pleito que predomina en la sociedad boliviana. Otros siguen el llamado de los criterios utilitaristas de la economía, bajo la noción individualista del “sálvese quien pueda”. Todo esto se ha traducido, invariablemente, en una cultura rentista, poco proclive a los deberes cívicos y la conciencia nacional, que en otros lugares son consonantes con una economía articulada y con capacidad redistributiva.

 

Sin embargo de ello, la universidad pública ha preservado espacios de formación técnica y crítica de alto nivel, afines a las necesidades del país. Sería imposible dar cuenta de todo ello, pero veamos algunos ejemplos: uno está en las capacidades desarrolladas en la facultad de ingeniería de la UMSA, de la que se han titulado expertos en los problemas de riesgo que presenta la ciudad de La Paz. Otro en la Facultad de Medicina, cuya participación en el diagnóstico y proyecciones de la pandemia del coronavirus ha sido de primera línea. Lo mismo la Facultad de Ciencias Puras y Naturales, donde Biología y Física han alcanzado prestigio internacional. Más cercana a nosotros, está la Facultad de Humanidades, en la que brilla la formación en Literatura e Historia, sin mencionar el esforzado recorrido de las carreras de Trabajo Social, Antropología y Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales. En medio de todo ello, la universidad pública ha formado también profesionales calificados para el ámbito público y privado.

 

Ahora bien, ante las dramáticas evidencias que está trayendo la pandemia del coronavirus, se está instalando en el sentido común, y ojalá en el de los políticos, la necesidad de revolucionar nuestro modelo de desarrollo en pos de un Estado del Bienestar, que esté acompañado por la variable medioambiental y enfrente los desafíos de la transformación tecnológica y productiva y de la masiva presencia del trabajo no asalariado en Bolivia. Nuestra universidad, a pesar de sus carencias y problemas, tiene condiciones para contribuir a la transformación el Estado en esa dirección y a partir de eso, transformarse a sí misma, tanto por su espíritu público, que la remonta persistentemente a sus compromisos con la sociedad, como porque ha producido conocimiento en torno a ello.

 

En un próximo artículo profundizaremos en una de las aristas de este nuevo desafío: la importancia del cuidado de la vida, como pilar del Estado del Bienestar, y el rol de la universidad pública en su desarrollo.


Mg. Cecilia Salazar de la Torre. Docente investigadora del CIDES- UMSA. Coordinadora de la Maestría en Estudio Feministas.


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NOTICIAS

 CONVOCATORIA 

Políticas Sociales Urbanas en América Latina: rol y desafíos de la política pública en la construcción de ciudades

 

NOTICIAS

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COLUMNA DE OPINIÓN

Jorge Albaracin PhD.

 

En estos días, he estado leyendo una serie de artículos que analizan, la situación de los productores agropecuarios (agricultura familiar, pequeños, medianos y grandes) y el comercio internacional de alimentos. Si bien, cada día crece el número de estos artículos que analizan desde diferentes tópicos la situación, ya que vamos teniendo más información; no dejo de preguntarme, ¿qué estamos haciendo en esta cuarentena como país y que pensamos hacer después de la misma?

 

Un tema, que llama la atención, es que reiteradamente se menciona, pero de manera general sin entrar en detalles, que se tiene un shock o un quiebre entre la oferta y demanda de alimentos. Entre las causas que explican este desfase, mencionan, el cierre de las fronteras, donde los afectados son los exportadores, al reducirse el flujo comercial, debido a las limitaciones principalmente operativas pues, si bien no hay un desabastecimiento total de materias primas, sí existen retrasos en las importaciones y exportaciones, ya sea de insumos o productos para la producción agrícola. La preocupación esta también, en aquellos productos cuyas campañas de cosecha están por iniciar y están destinados exclusivamente a los mercados internacionales. El hecho es que algunos transportistas se han contagiado con corona virus, lo cual está ocasionando pánico entre los choferes, quienes se están empezando a negar para seguir trabajando.

 

Por otro lado, nuestros agricultores, donde la gran mayoría son pequeñas unidades de producción familiar, que proveen de alimentos, al mercado interno, también están siendo golpeados y se sienten afectados. Ya que, sus sistemas productivos, continúan produciendo y por lo tanto, están en actividad. Lo que les está golpeando, son los sobrecostos que se han dado por la mano de obra, insumos más caros y transporte más costoso, que hacen que en definitiva se les pague menos por sus productos. También, se están viendo afectados, los pequeños, medianos productores y los avicultores que, sumándose a las limitaciones logísticas, tienen las restricciones de libre tránsito y la concentración de personas, que limitan la disponibilidad de mano de obra para la ejecución de labores necesarias en el campo y los mataderos.

 

Las cadenas de distribución, normalmente siempre manejan sus propios precios, sujetos a la oferta y la demanda, ahí también se ha dado especulación que afecta a los pequeños agricultores. La agroindustria, por el momento no se está viendo afectada en cuanto a insumos y consumo final todavía, pero en un futuro muy cercano, sí puede ser afectada, porque el trabajo logístico es mayor y los alimentos llegarán encarecidos; no sabemos si el cliente final estará dispuesto y en las condiciones para pagar esos precios. Bolivia comparada con otros países, tiene una muy baja diversidad de productos de exportación, es decir nuestras exportaciones se concentran en commodities de cereales (maíz, soya, azúcar, arroz), intensivos en capital, pero muy poco en commodities de alto valor (frutas, vegetales, carnes, pescado, etc.), que, si están siendo afectados, porque las frutas y las carnes, son los que más se mueven por ser productos bastante perecederos y cuya producción es con capital intensivo en trabajo. A estos últimos, el Corona virus también les afecta de dos formas: Por la cuarentena, que reduce los trabajos y por temas de salud que reduce la capacidad de la gente y de su trabajo (conversatorio MERCOSUR)1 .

 

Considero que se está manejando una hipótesis no muy certera, en la relación oferta-demanda. No la veo como una relación de económica clásica de oferta y demanda. Hay producción, que viene de la campaña 2019-2020, donde no tuvimos problemas ni restricciones. Lo que no podemos hacer es, cometer el error de ponerle barreras a su circulación para su distribución, en el territorio nacional. Lo que hay que hacer, es ver la mejor forma de movilizar esta producción, respetando las restricciones sanitarias, para el abastecimiento de los mercados. Algunos indican que puede haber una acumulación, porque la demanda ha bajado, en el caso de los alimentos no lo veo así, ya que la población es la misma y su consumo no ha variado, tan drásticamente, como para que nos lleve a pensar y hablar de una hambruna, producto de la cuarentena. Lo que ha variado es el suministro y la forma de consumo, todo se ha concentrado en la preparación delos alimentos en los hogares, ya que los restaurantes y los centros de comida rápida están cerrados, pero la gente sigue consumiendo.

 

Por otra parte, lo que me preocupa y es lo que tenemos que prever, es tener el cuidado como Estado, de garantizar la siembra, para tener una cosecha a finales de este año y no se nos venga un problema de falta de alimentos más adelante. Por lo tanto, las acciones tienen que moverse en garantizar la disponibilidad de insumos (semillas, fertilizantes), capital a través de créditos pertinentes (con mecanismos rápido de aprobación, tasa de interés cero, tiempos de gracias para el pago de capital, disponibilidad de maquinaría, etc.), que permitan la siembra; es necesario generar un estímulo, para el agricultor tradicional, pues históricamente él ha sido relegado y no tiene la espalda financiera de un agroindustrial para enfrentar la crisis, además de tener una cadena terciarizada con mucha especulación en el medio. Tenemos que prever también que, en la próxima cosecha, el agricultor encontrará además a consumidores con una economía golpeada.

 

Las acciones estratégicas de producción, de corto plazo a ser llevadas por el Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras (MDRyT), deben identificar y priorizar, las regiones agrícolas, donde las condiciones climáticas locales, permiten y tienen las condiciones para la siembra de otoño e invierno. Esto es importante, ya que nuestra balanza comercial, especialmente de productos alimenticios (hortalizas y frutas), en los últimos años, ha mostrado saldos negativos, lo cual muestra que tenemos serios problemas, para abastecer nuestro propio mercado interno y considerando que los mercados internacionales se han cerrado o se ha disminuido drásticamente el flujo de alimentos, no podemos dejar de considerar que tenemos que resolver este problema y cerrar la brecha comercial.

 

Entonces, como estrategia, debemos, por un lado, fortalecer a las zonas productoras de alimentos, para cubrir el déficit de producción de alimentos que tenemos y por otro, en el tema de salud, generar un cordón de seguridad o frontera para la zona de producción, que permita la producción y a la vez el cuidado en el intercambio y contacto entre el proveedor y los productores, que por el momento están libres del Corona virus. Es decir, tener la prioridad de preservar las zonas agrícolas libres del virus, con cordones de seguridad, que eviten la transmisión, pero al mismo tiempo estos cordones deben permitir y garantizar que exista la siembra que garantice una producción y el volumen necesario de alimentos. Acá el rol que debe asumir el Ministerio, es el de hacer un seguimiento estricto. Primero, a la provisión de insumos y garantizar que se den la condiciones para la siembra, por lo tanto, debe elaborar un listado de servicios que no pueden parar de ser otorgados; segundo, hacer un seguimiento detallado de las superficies sembradas por tipo de cultivo y en cada zona; esto es importante ya que debe llevar a tener un seguimiento. Por una parte, que superficie se ha sembrado y el volumen de producción que se espera tener, esta debe, ser monitoreada en relación a la demanda interna de alimentos de la población, esto para ver, qué porcentaje de la demanda de alimentos se puede cubrir. Pero esta evaluación de la demanda, no debe tener un carácter global; sino, debe ser por departamentos y prioritariamente por la demanda que pueden tener las principales ciudades; esto debido a que se deben considerar, como una parte fundamental de la estrategia, el abastecimiento a través de los circuitos cortos o locales.

 

Estos circuitos cortos además de garantizas, la baja movilidad de los productores, intermediarios y de otros actores que participan en la cadena de alimentos, también reducen la movilidad de las personas y garantizan la salud de las familias de productores. Así mismo, los gobiernos departamentales y municipales en el marco de sus autonomías, pueden apoyar, como ya está ocurriendo con los mercados móviles en el abastecimiento, los programas de compras publicas y la circulación de los alimentos en los centros urbanos.

 

El tema de alimentos, no solo es responsabilidad del Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras (MDRyT), por tratarse de un tema multisectorial, la temática abarca a otros ministerios. Por buena suerte, el Estado tiene el Consejo Nacional de Alimentación y Nutrición (CONAN), presidido por el Presidente del Estado Plurinacional y conformado por 10 ministerios (Salud, Educación, Planificación del Desarrollo, Medio Ambiente y Agua, Economía y Finanzas Públicas, Justicia, Desarrollo Productivo y Economía Plural, Desarrollo Rural y Tierras) y representantes de Organizaciones Sociales y de la Sociedad Civil. El CONAN ha venido operando durante varios años y puede ser la instancia más pertinente de coordinación y articulación, de las actividades propuestas en el párrafo anterior, ya que se necesita un ente que entienda y maneje la problemática intersectorial, que no solo es de producción de alimentación sino también implica los temas de salud y economía.

 

Para finalizar, es importante considerar, que el análisis de la coyuntura actual que estamos viviendo, en el caso de la provisión de alimentos, nos tiene que llevar a pensar que en estos meses no tendremos problemas serios de abastecimiento de alimentos. Pero si descuidamos la preparación de terrenos, la siembra y la otorgación de las condiciones necesarias a los productores agropecuarios, en los próximos dos a tres meses, tendremos problemas de alimentos a finales de este año. Ya que, en el sector agrícola es donde se trabaja en función a procesos bilógicos y cíclicos que no los podemos alterar, y donde las buenas o malas decisiones recién se las siente uno o dos años después.


1 Síntesis Conversatorio: “Intercambio de políticas e instrumentos para el Desarrollo Rural y AF, articulación regional para mitigar la situación generada por el Covid-19 en el MERCOSUR Ampliado. 03 de abril 2020.

 

Jorge Albaracin PhD. Docente investigador del CIDES- UMSA. Sub director de formación. Coordinador del Doctorado en Ciencias del Desarrollo Rural.


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COLUMNA DE OPINIÓN

Dr. Guillermo Guzmán Prudencio
Profesor Investigador
CIDES-UMSA

 

Los tiempos que nos han tocado vivir, sin duda repletos de acontecimientos inéditos e históricos, nos empujan a un día a día que alterna entre el aburrimiento de las cuarentenas y una sensación de vacío colectivo, como quien salta en grupo y de golpe a un futuro negro, una y otra vez. Este escenario tan difícil de definir o de categorizar en todas sus múltiples dimensiones es, al mismo tiempo, bastante simple de sintetizar cuando se trata de nuestras emociones, vivimos con miedo, puro y duro miedo. Es justamente este miedo el que nos impulsa a plantear escenarios futuros, a descubrir la tendencia en el caos, a encontrar patrones en la nube de puntos, en fin, a encontrar una manera para reducir la incertidumbre sobre qué pasará, sobre qué será de nosotros.


Aunque creo -con toda seguridad- que muchas cosas cambiarán una vez que esta pandemia nos devuelva a nuestra vida normal. Creo, asimismo, que otro tanto de características de nuestras vidas, nuestro sistema económico, nuestras formas de organización social, nuestra insaciable necesidad de recursos, nuestras muchas miserias y algunas de nuestras grandes virtudes, seguirán, más o menos igual; al menos es lo que parece que pasó cuando otras pestes nos asolaron, incluso con mayor éxito.


De igual forma, creo que no es posible proyectar un escenario futuro probable que determine todo lo que cambiará y todo aquello que perdurará, al menos no ahora, con tanta información imperfecta. En cambio, creo que es posible delinear solamente algunas tendencias, relativamente probables, que con mayor rigor parecen despuntar entre la nube de puntos.


Lo primero que parece haber sucedido a gran parte de los habitantes del mundo -sobre todo a aquellos que no sufrimos de guerras o eventos catastróficos recientes- es una especie de pérdida de la inocencia sobre nuestra supuesta invulnerabilidad. Aquel reconfortante sentimiento de que esto no me llegará se ha diluido de la mano de la velocidad de las comunicaciones y el transporte. No importa donde vivas, no importa lo lejos que estés, no importa (mucho) los recursos que tengas, el planeta es un globo (no es plano y aunque lo fuera), y tarde o temprano el inoportuno virus tocará a tu puerta, siempre a deshoras, siempre impertinente, siempre aciago. Aunque incomoda, creo que nuestra vulnerabilidad nos hace un poco más realistas, más conscientes de nuestra pertenencia a una comunidad más grande y, por tanto, me parece que algo bueno entraña, al menos como seres reflexivos.


En cambio, para la economía no hay buenas noticias. Está muy claro que la actividad productiva de todos los países del mundo se desacelerará sensiblemente, conllevando enormes -que digo- enormísimas pérdidas. Para grandes colectivos vulnerables el golpe -como siempre- será más duro, y no es difícil pensar en que las brechas de desigualdad social se incrementen. No obstante, como en todo, habrá ganadores y perdedores, es posible que el menor flujo de comercio internacional abra interesantes espacios para el potenciamiento de las cadenas de suministros domésticas, muy de la mano de tendencias ecologistas que abogan por reducir la huella de carbono asociada a los grandes desplazamientos. En general, es posible que hayan muchos e inesperados beneficios para el medio ambiente tanto en cuanto la actividad humana se reduzca, seguramente el propio ser humano también se beneficiará de algunos de ellos, sino de todos.


Otro aspecto sobre el que esta pandemia actuará, quizá uno central, se desarrollará en torno a dos tendencias sociales en conflicto, un mayor sentimiento de comunidad versus un mayor individualismo, con claras repercusiones en nuestra organización económica y social. Y es que, por extraño que parezca, hay razones para creer que ambas tendencias se están moviendo con fuerza en direcciones contrarias, por supuesto. Por un lado, el sentimiento de comunidad, la necesidad de buscar ayuda en el prójimo y la imposibilidad de plantear soluciones personales, son algunas de las razones que podrían llevarnos a pensar que, después de la pandemia, las comunidades se verán fortalecidas. Algunos ven en este fenómeno una señal -casi divida- del fin del sistema capitalista, yo creo que simplemente responde a nuestra naturaleza de seres sociales que, en situaciones de crisis, acudimos a nuestra comunidad inmediata en busca de protección, como lo hemos hecho siempre. Sin embargo, es innegable que se trata de una tendencia potente y que todos hemos entablado relaciones con personas que hasta hace poco no figuraban en nuestra existencia. Por otro lado, y no menos importante, existe una tendencia contraria y fuerte hacia un mayor individualismo. El miedo, nuevamente, combinado con los procesos de aislamiento y cuarentena están trasladando muchos de los ámbitos sociales de nuestra vida normal a espacios online (pensemos en la telemedicina, la banca electrónica, el supermercado con delivery, el comercio electrónico y, poco a poco, ya lo veremos, los procesos electorales vía voto electrónico). Estas actividades que antes nos llevaban, para bien o para mal, a un relacionamiento estrecho con nuestra comunidad, ahora, las podemos realizar desde casa y en estricta soledad. Creo que dependerá del grado de catástrofe civilizatoria que vayamos a vivir para que se imponga alguna de las tendencias (más comunidad o más individualismo), o acaso una nueva combinación.


En este marco y asociado al último punto, la necesidad de soluciones comunales, o incluso globales, nos lleva a pensar que las demandas colectivas (entre las que desataca obviamente la demanda por un mejor sistema de salud) pueden transformarse rápidamente en demandas por más y mejores instituciones (públicas), quizá también globales. Independientemente de que esta solución nos parezca la más adecuada o no, es razonable pensar que la interpretación general de las sociedades tienda a exigir un papel más protagónico para el Estado. Quizá esta tipo de exigencia colectiva se haga por la magnitud de los problemas que debemos afrontar (solo abordables desde una estructura tan grande como el propio Estado o la unión de muchos de ellos). En todo caso parece claro que la tendencia hacia un Estado mayor, posiblemente un Estado del bienestar, podrá imponerse con más fuerza en la agenda de los países.


Finalmente, si nuestra incertidumbre no se aplaca y la ciencia no nos da las soluciones a la velocidad que necesitamos, nos queda el refugio de la fe (a algunos). Al fin y al cabo, casi todos los credos nos prometen un algo (un futuro, vaya) más allá de la muerte y la certidumbre de que seremos recibidos por algún dios. Por tanto, no debería extrañarnos el retorno de la fe en nuestras sociedades, allá donde estuviera relegada (en el Estado, por ejemplo), y su fortalecimiento, allá donde nunca faltó. En definitiva, creo que habrá una nueva ola de búsqueda de espiritualidad, comunidad, reflexión y, si tenemos un poco de suerte, ralentización de nuestras vidas por demás veloces.

 

Dr. Guillermo Guzmán Prudencio es economista. Actualmente docente investigador en el CIDES-UMSA.

 


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COLUMNA DE OPINIÓN

Iván Mollinedo Lobatón

 

Una parte muy importante del manejo de las crisis es su comunicación. Usualmente en casos de desastres nacionales son los ministerios del ramo los que se encargan de esto. Sin embargo, en la actual crisis sanitaria el papel de estas entidades resultó manifiestamente insuficiente. Tanto en Europa como en América Latina la sociedad buscó la palabra de quienes investigan y reflexionan estos temas para orientarse ante la falta de claridad. En Europa los intelectuales, especialmente filósofos y sociólogos, ofrecieron un abanico de interpretaciones del fenómeno en desarrollo que fueron desde el escepticismo radical y paranoico, hasta el estoicismo social en pro de la resistencia ante las medidas, con una gran resonancia mediática. Pero en Latinoamérica, mayoritariamente, brillaron por su ausencia en los medios masivos, dejando la responsabilidad del análisis y la orientación de todos los aspectos de la crisis, a los medios de comunicación formales y a las redes sociales que, en mayor o menor medida desataron un barullo sin ninguna profundidad.


¿Por qué deberían jugar un rol los intelectuales latinoamericanos en la actual crisis, para qué y desde qué plataformas? Porque los intelectuales en una sociedad son los sujetos capaces de estudiar los fenómenos de la realidad con sentido crítico y de influir en ella. Evidentemente sabemos, y ya lo señaló Sartre en 1969, que el papel del intelectual en Europa es distinto del papel del intelectual en países del “tercer mundo” porque las necesidades son diversas; y, sobre todo, en momentos de crisis las sociedades suelen abrirse al cambio. De ahí la urgencia de proponer la reflexión, pero hay que contextualizar, y señalar para qué y desde dónde, objetivo de este documento, cuyas premisas recorren a los intelectuales más mediáticos de Europa durante el desarrollo de la pandemia, al inevitable consenso de la acción estatal, a la situación de la comunicación en nuestros países y a las voces dispersas de nuestros intelectuales, aspectos que devienen en una incitación a la acción comunicativa que consideramos que deberían desempeñar éstos de forma intensiva.


El arrastre de la filosofía europea


La crónica arranca antes de desatarse fatalmente la crisis de salud en Italia, desde mediados de febrero hasta la primera semana de marzo, cuando muchos intelectuales europeos desestimaron el impacto de la que hasta entonces era llamada la “epidemia china”. A la vanguardia de la incredulidad mundial se esparcía en el ambiente la opinión de algunos de los más connotados filósofos italianos de edad avanzada (G. Agamben y R. Esposito), quienes, con discursos de juvenil irreverencia, veían en las medidas del presidente Conte una forma de bio-poder foucaultiano, es decir, desproporcionadas frente a un peligro no mayor a una influenza. Entre estos debates y la oposición política una gran parte de la sociedad italiana consideró poco elegante ceder a la paura y le misure hasta que el agua llegó a sus narices. En Inglaterra el primer ministro Johnson no necesitó más que su propia porfía para relajar al país; luego enfermó, entró en terapia intensiva y ahora prevé extender las medidas. El filósofo francés Michel Onfray acusó en varios medios a Macron de tomar de entre muchas opciones las peores decisiones, “el rey está desnudo”, decía, las máscaras son inútiles porque Francia no las tiene, las pruebas son inútiles, porque no las tiene; sugería que Macron había quedado en evidencia, que “no es político”, sugiriendo así su utilidad circunstancial a los intereses liberales que desnudaban su incapacidad para manejar la crisis sanitaria. En toda Europa la moderación llegó con el rostro de la muerte y los intelectuales que asomaron la cabeza en los medios asumieron un perfil más humanista concentrándose en la búsqueda de arrobamiento espiritual de Frederic Lenoir o en la sensatez situacional, como Badieu o Berardi. Sin un enemigo particular también hubo lugar para exponer viejas tesis de cambio social bajo el nuevo contexto (S. Zizek) o posturas paranoicas de la exportación del Gran Hermano chino a Europa, como sugirió Byung-Chul Han. Estos y muchos otros intelectuales ciertamente pueden retratar el caos propio de una pandemia filosófica más que de una filosofía de la pandemia, recogiendo a E. Ruiz de Vergara, pero influyen, y con el cambio de tono, al menos con la calma en el debate, en los medios también sobrevino una relativa calma social, al menos en la sociedad no adolescente, que evidentemente lleva las riendas en Europa. Siguen los debates, pero los discursos han entrado en un marco más sutil de discusión y más constructivo, como un proceso de reconstrucción, de lo políticamente correcto.


Piloto automático averiado

 

El curso de las cosas evidenció también que dejar todo en piloto automático sería solo propio de un “bufón sociópata” como calificó Chomsky a Trump. Calificativo que aun parece sentarle bien a Jair Bolsonaro y del que algunos mandatarios (AMLO y Ortega) quieren zafar. Estoy convencido con lo visto y sucedido, con el progreso de la epidemia en Italia, que, si bien los gobiernos se equivocan, los estados no tienen muchas alternativas. Aun a mediados de marzo resonaban algunas voces que llamaban a la voluntad individual como alternativa a la coacción del Estado, como el famoso “encierro inteligente” de Holanda, pero esto les cobró hasta la fecha 28.153 contagiados y 3.143 muertos con una tasa de mortalidad de 11,13%. Como decía Savater, si nos tratan como niños es porque actuamos como niños, y solamente sacando a la policía y el ejército han logrado los países de Europa hacer respetar el llamado distanciamiento social y la cuarentena. Así, permitir que la tragedia humana sirva para conservar el derecho individual o de dique de la economía, al parecer solamente permitiría cambiar el orden de la tragedia, y quizá agravarla aún más, pues a toda tragedia humana le sucede una económica y, probablemente, más medidas restrictivas y en muchos órdenes. Razonamiento que para algunos es aún discutible.


Con el piloto automático averiado o con estado de excepción, en todo el mundo la credibilidad de los gobiernos igualmente dañó sus capacidades comunicativas, más aún en regímenes personalistas como los latinoamericanos.


Latinoamérica con gobiernos que no se hablan y muertos en las calles


En Europa, política y comunicativamente, la válvula de descompresión es la Unión Europea. Por eso, después de una relativa calma social, el debate migró de las libertades políticas, a las formas de atención cooperativa de la crisis sanitaria, y a cómo reconstruir de manera coordinada la economía. Hoy se discuten las fases sucesivas a la cuarentena bajo diferentes propuestas. Los gobiernos, a pesar de todo retomaron el control discursivo, pero con poco tiempo para frenar el impacto económico.


En Latinoamérica los plazos para un desastre mayor parece que son aún menores que en Europa, tanto según todas las proyecciones sobre el avance del Covid-19, como sobre la crisis económica, que ha comenzado como una crisis de la demanda, desempleo, contracción, recesión y que promete alcanzar la depresión. En Latinoamérica no hay instituciones supranacionales con las capacidades de la UE, o aceptables mecanismos de integración, cooperación y coordinación. Ni siquiera se pudo enterrar dignamente el cadáver de la UNASUR.
La comunicación de la crisis está en un caos total dentro y fuera de las fronteras. En gran parte del continente se ha desplazado la información y cedido espacio a disputas de populismo barato y al barullo de las redes sociales que inundan con histeria, pseudociencia y teorías conspirativas, el ámbito social del debate. Los canales de comunicación de política externa posibilitarían alguna coordinación-cooperación en Latinoamérica, pero son inexistentes.


A nivel interno el caso de Ecuador es emblemático. Hace un par de semanas la crisis desatada con muertos por las calles no fue solamente una crisis de coronavirus, fue un efecto de mala comunicación de la crisis, precipitada por el trance político que vive ese país. Todos los pasos del gobierno eran debatidos y se convertían en escenarios de disputa. Y cuando arreciaron los infectados, con una evidente debilidad del manejo comunicacional, sobrevino en la población una negativa representación de los hechos. No me refiero solo al número de contagiados, muertos o sobrevivientes. Más allá de eso fue el miedo, instalado y desatado en el conjunto de la sociedad que se apoderó también de las instituciones privadas particulares que atienden la infraestructura social, en este caso, las funerarias. En Guayaquil las funerarias colapsaron no solo por tener una capacidad rebasada, sino porque algunas suspendieron sus servicios por miedo al contagio, según informó la Asociación de Funerarias de esa ciudad. Las ciudades producen muertos todos los días, todos los meses, todo el año. Entonces los muertos “sin” coronavirus, se sumaron a los muertos “con” coronavirus. Y, claro, la crisis de comunicación devino en crisis material y el problema fue difícilmente controlado, con presos fabricando ataúdes y ataúdes de cartón. En ese estado de cosas si alguien llamaba a la calma era leninista, y si criticaba las medidas era correista.


A nivel de gobiernos nacionales, la coordinación es mínima. El presidencialismo1 regente creó relaciones bajo la mínima burocracia y bajo la circunstancia de bloques pseudoideológicos que funcionan para cuestiones de poder y muy rara vez para asuntos de interés social. Así que cada presidente hizo lo que creyó conveniente más allá del entendimiento entre izquierdas o derechas, todas vaciadas de ideología según mi punto de vista. El ejemplo más claro es que el presidente Iván Duque hace un par de semanas rechazó una donación de máquinas de detección de Covid-19 chinas de Venezuela indicando que cualquier coordinación debía hacerse vía OPS. Ya unos días atrás había rechazado cualquier coordinación sobre temas relacionados a la crisis porque no reconocía a Maduro como presidente sino a Juan Guaidó.


Algunos intelectuales latinoamericanos se manifiestan


El 4 de abril en La Jornada de México, con un estilo similar al de los filósofos europeos, es decir, alejado de las calles y la tragedia y suspendido como Sócrates en “Las nubes” de Aristófanes, Enrique Dussel proclamó el fin de la modernidad, de cinco siglos de “necro-cultura” anunciando la llegada de la “Transmodernidad” e incluso del fin del Antropoceno2 , es decir, de una nueva edad del mundo. Lo más rescatable de su trabajo, y que previamente se arrogó haber desarrollado , es la idea de que el fundamento de la ética es la vida y que el futuro mundo debe apuntar hacia su preservación.


A Rita Segato, feminista y antropóloga, la de mayor renombre de Argentina, según dicen algunos, le preocupa quién se apoderará del discurso tras el Covid. Cree que la disputa en este momento está en quién se apoderará de la narrativa de lo que pasó, “el virus es un significante vacío” y eso nos debe preocupar, señala. Resalta una especie de conciencia de la propia fragilidad que se tiene hoy. Pero a diferencia de muchos otros, que atacan las medidas del gobierno, ella asume un papel muy parecido al del intelectual orgánico gramsciano, considerando que el presidente Alberto Fernández ha convertido al Estado argentino en un “Estado materno” por la forma en la que ha llevado adelante el plan de cuidado frente a la amenaza.


María Galindo, el 26 de marzo, se manifestó en Radio Deseo con un texto que después fue compilado por un grupo español. En él, después de hablar con su clásico estilo declamatorio le cantó sus verdades al Estado patriarcal, recomendando prepararse para afrontar lo que venga con coraje libertario. Entre otras interpelaciones hace un sesgo: “¿Qué pasa si decidimos desobedecer para sobrevivir?” Podría ser ¿con qué medidas alternativas cuenta el estado o la sociedad civil? Lo que nos llevaría a un análisis causal, situacional, y de propuesta. Sin esas pamplinas de sabios bobos, como parece considerar la líder de Mujeres Creando a quienes estudian ciencias empíricas, propone: “necesitamos alimentarnos para esperar la enfermedad y cambiar de dieta para resistir”, y cita algunas recetas caseras (“coquita para resistir el hambre y harinas de cañahua, de amaranto, sopa de quinua”). Todo esto nos muestra por dónde comienza y termina el análisis, la forma. Desconoce la causa y desconoce el efecto. Para María Galindo y su sabiduría de “explorar qué nos sienta mejor” el Covid es un piojo tuerto frente a la violencia de estado que en su discurso ha antropomorfizado como macho. La resistencia decididamente hedonista que propone se sintetiza en que ya que el Covid-19 va a llegar “que nos pesque besándonos, que nos pesque haciendo el amor y no la guerra”.


Valga señalar que, en diversa medida, los textos de estas participaciones, obviamente el último con bastante irreverencia, parecen despreciar sobremanera los datos empíricos. Sin negar que alguna receta casera o tradicional pueda ser eficaz, cómo se podría demostrar que esto es mejor que una atención médica. Sabemos ahora que, de forma controlada, es decir, en instalaciones adecuadas y con todo lo que permite un sistema de salud en Europa, la tasa de mortalidad ronda un promedio del 11%. Descontrolada, es decir, sin plena cobertura médica, como podría ser el caso latinoamericano, se estima que la tasa de mortalidad alcanzaría hasta el 30% o más. Sin considerar agravantes mayores.

 

Pero destaco que participaron, y en medios de comunicación abiertos y masivos, algo que no se puede decir de una gran mayoría. Algunos, más bien se han refugiado en foros académicos como una forma de condolerse desde una comodidad burguesa. Considero que evidenciar la urgencia de estos dramas únicamente en medios exclusivos es tan desagradable como la foto del niño y el buitre de Kevin Carter. Finalmente están los intelectuales orgánicos, quienes únicamente se manifiestan en los medios para justificar o atacar políticas jugando un rol en función de la conveniencia.


Es curioso que más en Latinoamérica que en Europa los especialistas se posicionan en una altura inalcanzable, como fingiendo el síndrome del impostor. Y los temas en muchos casos siguen la trayectoria de la disputa filosófica europea de principios de febrero, un déjà vu, pero al interior de un claustro académico virtual. Los intelectuales europeos pecaron por exceso al incidir en los medios abiertos, los latinoamericanos pecan por defecto.


Intelectuales, comunicación de la crisis y formación de la agenda


Dos cosas demandan intervención en el ámbito comunicativo latinoamericano a corto y mediano plazo: la comunicación de la crisis y la formación de las agendas de políticas públicas.


Los únicos canales que parecen capaces de transmitir a la sociedad algo de serenidad y coordinar mínimas acciones humanitarias a corto y mediano plazo son los medios de comunicación y las redes académicas, donde confluyen intelectuales capaces. Los medios de comunicación porque su papel es omnipresente no solamente en estas situaciones sino continuamente. Entre 2018 y 2019 los medios con mayor credibilidad en temas políticos, económicos y sociales en Europa y Latinoamérica fueron los periódicos, la radio y la televisión, las redes sociales toman el lugar de estos medios cuando hay ausencia de información corroborable. Las redes académicas ciertamente no terminan de aterrizar, pero son lo único que nos queda. Son sus intelectuales los expertos llamados a clarificar, a darle un poco de profundidad a los debates silvestres e histéricos. Es necesario descender del topus uranus a la realidad mediática que, nos guste o no, es la realidad de este presente en el que habita la población confinada (los periódicos, la televisión y la radio). A las redes sociales también, aunque ahí las voces académicas están opacadas por el ruido. El peso institucional que tienen sociólogos, filósofos, psicólogos, etcétera, ya que muchos pertenecen a instituciones respetadas por la sociedad, como las universidades y los centros de investigación, puede constituirles rápidamente en referentes para evaluar la racionalidad de ciertas situaciones que se viven día a día en la crisis y para pensar las rutas a seguirse.


Por esto, el papel del intelectual latinoamericano que yo imagino ahora es el de un comunicador o comunicadora que lleva su experticia y debate a la sociedad por los canales masivos. La mayoría de los intelectuales ágrafos y no ágrafos son generalmente buenos comunicadores y debieran ser capaces de transmitir ideas constructivas a la población, dados los espacios que se abren potencialmente en todos los frentes.


El ciudadano precisa conocer los puntos de vista científicos y filosóficos de problemas que emergen de la pandemia tanto para recibir una buena comunicación de la crisis como para formarse un criterio alrededor de los temas más sensibles de las agendas de políticas públicas que necesariamente deben construir los gobiernos para asumir las medidas económicas, de salud y de derechos (civiles políticos y sociales) que nos esperan. En la comunicación de la crisis hay muchos temas latentes hoy, que habitualmente inundan las revistas de ciencias del desarrollo: la importancia de la mujer adulta mayor en nuestras sociedades de cuidadoras, la urgencia de la descompresión de la violencia machista, la situación de calle, la migración que afecta en nuestro continente especialmente a ciudadanos venezolanos, la ética para la convivencia, etc. Por ejemplo, la comunicación sobre salud pública es un tema de ética aplicada, eso lo internalicé como profesor de ética médica. La ética puede ser abordada desde un punto de vista muy sencillo, pues es transversal a todo el trabajo de las ciencias sociales.

 

Todo académico que se precie de serlo reconoce la diferencia entre la autonomía de la moral y heteronomía de la ética, es decir, entre una construcción autorreferente (conciencia subjetiva) y una construcción de interés social para preservar la vida, como apuntamos antes con Dussel, que se puede denominar conciencia objetiva (o intersubjetiva). Evidentemente ejemplos como este pueden y deben ser sistematizados de modo aún más sencillo para la comunicación a un amplio público. Sobre el otro asunto, las políticas públicas, tal como va la situación los gobiernos que han impuesto medidas duras han elevado su popularidad, y amenazan en convertirse en quienes configuren de manera unívoca las agendas. En momentos normales las fuerzas sociales son los actores que determinan en cierta medida la configuración de las políticas públicas porque los costes no suelen ser altos o no se concentran en las poblaciones más vulnerables. Pero en esta crisis, los costes pueden ser difusos, es decir, los pagamos todos, y los beneficios concentrados, es decir, que beneficien solo a la banca y a la empresa privada. Una gran parte de los intelectuales en ciencias sociales se da cuenta de la raíz de éstos y otros fenómenos y pueden ayudar a entenderlos.


En mis años de profesor de adolescentes me di cuenta de que un aspecto crucial para la formación democrática e incluso libertaria de una persona es tocar temas frecuentemente evitados, proponer herramientas de discusión, acercarles a los datos y desarrollar discusión. Y que es algo que no deberíamos dejar de hacer a ninguna edad. Así, tal vez un día dejemos de ser esos niños, a los que se refería Savater y el término intelectual deje de tener sentido porque lo seremos todos.

 

Padua, 14 de abril de 2020


1 Expreso aquí dos formas de entender el presidencialismo, legalmente como aspecto del régimen político y como una forma de personalismo propia de varios de los últimos gobiernos de la región que no siempre pueden caer en la denominación de caudillismo.
2 Nombre que designa desde principios de este siglo a la época caracterizada por el impacto humano sobre los ecosistemas terrestres
Hace decenios filósofos como A. Cortina, G. Bueno, F. Savater y R. Esposito dicen lo mismo.

 

Iván Mollinedo Lobatón es Licenciado en Filosofía (UMSA) y docente universitario en La Paz. Cursó la Maestría en Desarrollo Social en el CIDES-UMSA y actualmente se encuentra cumpliendo una beca de estudios en temas afines a Gobernanza y Evaluación de Políticas Públicas en la Universidad de Padua, Italia.

 


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COLUMNA DE OPINIÓN

Por: Ramiro J. Choquehuanca Callisaya

 

 ¿Qué hay más allá de la tan publicitada y manipulada expresión “vivimos del día a día”? Sin duda, en un escenario de crisis multidimensional (pandemia, crisis económica, sistema de salud deficitario, campaña electoral, politización extrema, desigualdad, discriminación social, etc.) las respuestas son variadas y diferenciadas. No obstante, recurriendo a mi modesto perfil de sociólogo y, ante todo, a mi experiencia como comerciante minorista en la ciudad de El Alto, opto por buscar una respuesta más o menos sensata, desde ahí abajo, desde la informalidad.

 

Los/as comerciantes minoristas, los del subsuelo social

 

La informalidad de la economía boliviana es una realidad innegable. Desde su nacimiento, El Alto mostró un rasgo congénito con la crisis de los 80 y la carencia de empleos formales, también a causa de la corrupción de sus gobernantes. Las “michis” o insignificantes políticas de fortalecimiento económico y social departamental y nacional de las últimas décadas no han podido combatir ni mejorar el frío dato del sector informal que llega al 70%, lo que equivale a decir que 7 de cada 10 personas económicamente activas se dedican a algún rubro de la economía informal. La reducida oferta de empleo de bajísima remuneración, que sólo sirve para sobrevivir, advierte un engrosamiento demográfico y ensanchamiento geográfico mucho mayor de este sector. Sin desmerecer la importancia del desempleo de profesionales, es importante subrayar que son las personas con menos preparación educativa las que mantienen esta tendencia ascendente.

 

Ante un mercado laboral formal estrecho, los y las alteñas asumieron estrategias de sobrevivencia, siendo la más relevante y observable la cuenta propia. Esto supone vivir de su propio trabajo sin la mediación de un jefe o patrón que los explote y hostigue; no tener que marcar tarjeta, firmar planillas de asistencia de entrada y salida; poder llegar tarde o empezar temprano la actividad y ausentarse del “trabajo” si así se requiere, que son -por otra parte- algunas de las razones que estimulan este tipo de actividad. Ser “libres” de las presiones del jefe y las reglas institucionales que supondría el trabajo formal está siempre presente en estos sectores.

 

Un porcentaje muy importante de comerciantes pertenece a una generación adulta de origen aymara, con prácticas de solidaridad y reciprocidad bastante arraigadas. Aymaras urbanos (migrantes) que no rompieron del todo su conexión con las comunidades rurales. No obstante, en la última década, se observa la presencia de un número significativo de “nuevos segmentos informales”, es decir, niños, adolescentes y jóvenes, nuevas generaciones a los que llamo “alteños/as netos/as”, por haber nacido en esta ciudad y no inmigrado como sus padres. Estos nuevos segmentos informales se incorporan progresivamente a las filas del comercio informal alteño, es normal observar a personas entre 10 a 30 años de edad ofreciendo artículos variados de origen chino, peruano, chileno y muy poco producto nacional.

 

Pandemia y exclusión social, enfermedades de igual letalidad

 

En medio de esta realidad, el 10 de marzo de 2020, Bolivia reporta sus primeros casos de corona virus, dos mujeres que llegaron de Italia, una de 65 años a Santa Cruz y la otra de 60 años a Oruro. A partir de esta noticia, el gobierno nacional comenzó a promover un aislamiento total para las personas infectadas y aislamiento parcial para las no infectadas, “quédate en casa” era la consigna de “concientización”. El jueves 13 de marzo, con tres casos confirmados, el gobierno decide suspender las actividades escolares, los vuelos a Europa y prohibir la concentración de más de 1.000 personas.

 

Ante la disposición gubernamental poco convincente, la reacción de algunos sectores de la población –entre estos los transportistas, gente de a pie, comerciantes mayoristas, intermedios y minoristas– fue el desacato, que luego se focalizó en los últimos, los comerciantes minoristas. Sin embargo, en su momento, los sectores gremiales y del transporte fueron los más radicales, en muchas zonas comerciales se podía observar la circulación normal de vehículos y la atención del comercio sin interrupción alguna.

 

Pese a la “sensibilización” por parte de los medios de comunicación, redes sociales y población “consciente” que acató “disciplinadamente” la cuarentena, los sectores “rebeldes” desempolvaron la consigna argumentativa del “vivimos del día a día”, desnudando de esta manera la otra cara de la bonanza económica de los últimos años.

 

Por la fuerza argumentativa, impacto social, económico y político, la consigna del“vivimos del día a día” fue socializada y apropiada rápidamente por los comerciantes minoristas en casi todo el territorio nacional, quienes mostraban una actitud hostil ante la medida gubernamental. Ante la rebeldía inminente, las críticas no se dejaron esperar. Omitiendo el desacato de otros sectores y regiones de igual magnitud, mediáticamente El Alto se convirtió en el foco rojo del país. Los comerciantes minoristas fueron blanco de una infinidad de ataques por parte de diferentes sectores socioeconómicos, siendo el común denominador la discriminación social, económica, política, regional y étnica. Para unos, los “rebeldes” eran los inconscientes, desinformados, ignorantes, los “alteños”, animales o “masi-burros” (vinculándolos al MAS), mientras que para otros, eran los marginados del proceso de cambio, los que menos tienen, los necesitados, en fin,“los pobrecitos”. Así reflejaron los mensajes viralizados en las redes sociales, por un lado:“Bienaventurados los alteños que andan paseando por las calles, ellos pronto verán al señor”; “¡oh gran dios del coronavirus! Te ofrecemos algunos alteños y chapareños en sacrificio, pero calma tu furia”; “Que se declare cuarentena total en todo el país y estado de sitio en El Alto”. Por el otro lado: “Cómo para beber 3 días del carnaval tienen dinero y ahora para protegerse de no morir salen diciendo, vivimos del día a día”; “Y de pronto te das cuenta que todos quieren canasta familiar, que todos viven del día, nunca hubo proceso de cambio”; “Alguien ha visto a los ponchos rojoso a las bartolinas ayudando de alguna manera a los necesitados”.

 

Mientras aquello sucedía en el limbo de las redes sociales, los comerciantes minoristas dedicaban su tiempo a “vivir del día a día”, algo que aprendieron muy bien a lo largo de su vida. Poca o casi nula fue la reacción de defensa emitida por ellos mismos, a decir de los mismos comerciantes: “los ricos con sus vacaciones salen del país y traen el coronavirus y ahora nos piden a los pobres que nos quedemos en casa”. Fue la opinión de gente cercana y clase media simpatizante de estos sectores quienes establecieron cierto equilibrio en la opinión pública: “Todos insultando y tratando de reprimir  a los de El Alto pero es el lugar donde no hay ni un solo infectado. Ya pues chicos, disimulen su racismo un poquito siquiera”; “La cuarentena, sin medidas adecuadas, solo sirve para que el pueblo, que sobrevive día a día, se muera de hambre encerrado”.

 

Así, el COVID-19, la exclusión y la discriminación social aparecieron emparentados. Mientras el COVID-19 se expande de persona a persona, ocasionando malestares (tos seca, dolor de garganta, dolor de cabeza, escalofríos y malestar general) y en algunos casos con el desenlace de la muerte, somos también portadores de una epidemia no visible, la exclusión y discriminación social persisten sin cambio, sus síntomas: repulsión, odio, rechazo e intolerancia y cuyo desenlace podría ser no solo tensiones y desacuerdos, sino enfrentamientos entre sectores de la sociedad.

 

La solidaridad y el individualismo también son del día a día

 

Ante el drama sanitario y social, más allá de los prejuicios sociales con los que se valora la reacción de algunos sectores sociales ante la emergencia sanitaria de nuestro país, es necesario comprender que en la sociedad alteña existen y conviven dos patrones, lógicas o significaciones estructuradas y estructurantes que orientan el sentir, pensar y actuar de sus habitantes y de modo particular de los comerciantes minoristas. Su vínculo al mercado de intercambio “capitalista” (“instinto” de acumulación monetaria) y su tradición “originaria” (solidaridad familiar y colectiva). Referirse a inconsciencia e ignorancia es un reduccionismo. La vida cotidiana de las personas, familias y comunidades/barrios que viven del día a día está influenciada por estas dos racionalidades coexistentes, sobrepuestas y también contrapuestas. En otras palabras, la vida de los alteños/as se rige por la combinación de prácticas recíprocas y solidarias, pero también de competencia, individualismo y egoísmo, en ocasiones exacerbados.

 

¿Cómo se revelan estas dos lógicas en el sentir, pensar y actuar de los comerciantes minoristas? Todo/a “flamante” trabajador/a informal ingresa a una nueva comunidad, a la “familia gremial”. En esta etapa, todos/as quisieran“comenzar con pie derecho”, en efecto, comienzan las relaciones amistosas entre comerciantes, vendedores/as y compradoras/es. De a poco se va consolidando una red social acotada y luego amplia. Cuando el grado de confianza es alto se pueden establecer relaciones de compadrazgo, vínculo social que promueve la constitución de circuitos financieros parentales múltiples (formación de socios) y permite acceder a préstamos de entidades financieras para acrecentar el capital y garantizar así la mercadería.

 

La solidaridad se manifiesta de múltiples maneras, mediante la conformación de asociaciones crediticias, juego de “pasanacu” e interacciones menores como fraccionamiento de monedas para el cambio, en caso de fallecimiento de un miembro se efectúan cuotas de sepelio, participación en acontecimientos sociales (fiestas grandes y pequeñas), etc. No se trata de un intercambio de bienes materiales simplemente, sino de un intercambio de sentimientos y favores, valores éticos que expresan el dar, recibir y devolver, estímulo emocional que permite mantener –por lo menos de manera temporal– los lazos interpersonales y de grupo, pese a sostener lucha  y competencia desigual en un mercado caótico.

 

La actitud individualista y egoísta aparece juntamente con el interés de ganar. Para las comerciantes minoristas, la ganancia está asociada a la obtención de dinero (“platita”) y al máximo aprovechamiento del tiempo, dos elementos que también guían la conducta del sector informal. Muchos/as comerciantes han tenido más de un conflicto con sus compañeras/os, principalmente con aquellas/os que comercian el mismo producto. Son muchos los casos en los que la relación de compadrazgo se ha debilitado debido al incumplimiento de compromisos, de pagos a las entidades crediticias.

 

El aprovechamiento del tiempo se ha convertido, para los comerciantes, en un elemento central de su vida. Muchos se ausentan casi todo el día, vendedoras, transportistas y maestros de construcción salen a las 05:00 a.m. y retornan a las 21:00 p.m. (los transportistas incluso a las 11:30 p.m.) a sus casas. Por tanto, el “habitus” del que vive del día a día es construido en la calle más que en el hogar, su experiencia “callejera” es la que da sentido a su conducta. Es en la permanencia en su puesto de venta (tiempo y espacio), donde el o la comerciante representa su propia vida, la historia de su grupo o asociación, interioriza y exterioriza gestos, movimientos corporales, discursos, prácticas políticas; formas de sentir, de percibir la realidad y de valorarla.

 

El ser humano actúa del modo que actúa porque es resultado de las leyes del mercado capitalista que han producido desigualdad económica y social. “Irracional” e “ignorante” son términos que se podrían utilizar mejor para valorar las lógicas de control de la economía mundial, de concentración de la riqueza en pocas manos, o aquellas que determinan la invasión de naciones y guerras por la apropiación de su riqueza natural.

 

La peculiaridad de El Alto es que en el “Khatu” o ferias, la reciprocidad y la solidaridad se han convertido, como Simón Yampara advertía en 2006, en el alma interna de la economía de mercado que amortigua el dolor de la pobreza causado por el sistema capitalista y la imposición de la lógica de intercambio. Alma o “ajayu” hoy en día debilitada por la predominancia del intercambio de mercado y la ausencia total del Estado para regularla.

 

En una situación de emergencia sanitaria no es posible omitir esta realidad. El actual gobierno y nuestra sociedad en general caen en el prejuicio con los de abajo. Así como el COVID-19 es una amenaza para todos/as, para las élites económicas y para la gente acaudalada, los rebeldes que desacatan la cuarentena se constituyen en otra amenaza que también debe ser combatida. De modo que la lucha puede derivar no solo contra el COVID-19 sino también contra estos sectores que viven del día a día.

 

De continuar con los prejuicios, los “esfuerzos” gubernamentales, de organismos internacionales y privados, que también focalizan su atención en los sectores de “mayor riesgo”, los pobres, comerciantes minoristas, transportistas asalariados, albañiles, entre otros, serán poco efectivos a corto, mediano y largo plazo. Estos actores que inicialmente se resistieron a la cuarentena y la hicieron tambalear podrían todavía poner en jaque la cuarentena. El “vivimos de día a día” debe comprenderse en su verdadera dimensión y dejar de ser utilizado para fines gremiales, políticos, de filantropía social o de miedo a contraer el COVID-19.

 

En cuarentena, La Paz 16 de abril de 2020

 

 

Ramiro J. Choquehuanca Callisaya. Boliviano. Licenciado en sociología de la Universidad Mayor de San Andrés. Diplomado en Gerencia de Proyectos de Desarrollo en Salud, Postgrado de la Universidad Privada Boliviana (UPB). Cursó la Maestría en Desarrollo Social en CIDES-UMSA. Trabaja hace 13 años en el campo de la sociología de la salud. Email: choquitotuntun@hotmail.com

 


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EVENTOS

            FORO           

Fecha: Jueves, 16 de abril de 2020
Hrs: 15h30 (hora de Ecuador)
Lugar:

 CONVOCATORIA 

Políticas Sociales Urbanas en América Latina: rol y desafíos de la política pública en la construcción de ciudades

 

 VIDEOS 

PANEL III:

MOMENTOS Y DESAFÍOS DE LA POLÍTICA

Gonzalo Rojas
Ramiro Orías
Jimena Costa
Freddy Acarapi

 CONVOCATORIA 

Área de transformaciones territoriales y ambientales
Tema General: Amazonía bajo Amenaza

 

  CONFERENCIA  

Fecha: 08 de mayo de 2020
Hrs: 14:00 - 15:15 (hora La Paz-Bolivia)
Lugar:

            FORO           

Fecha: Jueves, 16 de abril de 2020
Hrs: 15h30 (hora de Ecuador)
Lugar:

            PANEL           

Fecha: 10-03-2020

Hrs: 10:00 am

Lugar: Salón de Honor, 1er. Piso Monoblock UMSA

 CONFERENCIA 

Fecha: 09, 11, 13-03-2020

Hrs: 19:00 a 22:00

Lugar: CIDES - UMSA C. Rosasani N° 55 (Obrajes), AULA 1

 CONFERENCIA 

Días:
Viernes 20 de marzo de 14:30 a 19:00
Sábado 21 de marzo de 10:00 a 18:00

Lugar:
CIDES UMSA Calle Rosasani N°55 Frente al TELEFÉRICO AMARILLO, Zona Obrajes

Costo:
Estudiantes del CIDES 70 Bs.
Otros interesados 140 Bs.

 CONFERENCIA 

Hrs: 19:00

Lugar: CIDES - UMSA C. Rosasani N° 55 (Obrajes), AULA 4

 CONFERENCIA

Hrs:
2 de mar / 9:00 a 12:30 y 14:30 a 18:00
3 de mar / 9:00 a 12:30 y 14:30 a 18:00
4 de mar / 9:00 a 13:00 (solo mañana)

Lugar: Auditorium, calle Fernando Guachalla N°421

 SEMINARIO 

Transformaciones y desafíos

Hrs: 10:00

Lugar: PARANINFO UMSA

 MATERIALES 


PROYECTO DE INVESTIGACIÓN (2018-2019) "DESIGUALDADES EN EL SERVICIO URBANO DE AGUA EN LA PAZ Y EL ALTO" CIDES-UMSA/AFD

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